Proceso de Teorización

 

Visión de Conjunto

 

 

       Esta parte tiene por finalidad describir las etapas y procesos que permitirán la emergencia de la posible estructura teórica, “implícita” en el material recopilado en las entrevistas, grabaciones, notas de campo, etcétera. El proceso completo implica la categorización, la estructuración individual y general, la contrastación y la teorización propiamente dicha.

       Como ya hemos señalado, la categorización, el análisis y la interpretación de los contenidos no son actividades mentales separables. Nuestra mente salta velozmente de uno a otro proceso tratando de hallarle un sentido a las cosas que examina; se adelanta y vuelve atrás con gran agilidad para ubicar a cada elemento en un contexto y para modificar ese contexto o fondo de acuerdo con el sentido que va encontrando en los elementos. Esta dialéctica entre la figura y el fondo es continua y permanente; sin embargo, como constituyen actividades mentales diferentes, conviene que ilustremos cada una de ellas por separado, de acuerdo con la prioridad temporal de la actividad en que ponen el énfasis.

       La toma de conciencia de la dinámica de este proceso ayudará a facilitar su actividad normal y efectiva, como también ayudará a demostrar al lector del trabajo cuál fue el camino que el investigador siguió para llegar a sus resultados o conclusiones.

       La palabra análisis, en su origen etimológico, quiere decir “separar” o “dividir” las partes de un todo con el fin de entender los principios y elementos que lo componen. Hoy día se ha vuelto muy corriente tender a analizarlo todo, analizar todas las cosas “para comprenderlas”. Pero cuando una entidad es un sistema o constituye una estructura, la división o separación puede también destruir su naturaleza y llevarnos a no entender la nueva realidad “emergente” que la hace tal. Así, por ejemplo, nunca podríamos conocer las propiedades del agua descomponiendo sus moléculas en átomos de hidrógeno y oxígeno, ya que las propiedades de la molécula de agua aparecen sólo al unirse dos átomos de hidrógeno con uno de oxígeno. Lo mismo sucedería con cualquier otro sistema o estructura, ya sea del campo natural como del área social.

       Fue Descartes, como puntualizamos, quien, en su obra El discurso del método, aconsejó que para entender un problema, había que “fragmentarlo en tantos elementos simples y separados como fuera posible”, aunque él pedía la actitud contraria para sí y para lo que escribía. Mucho tiempo antes que Descartes, Aristóteles había advertido que “el todo era algo más que la suma de sus partes”. El enfoque de la filosofía analítica y positivista, con su énfasis en lo cuantitativo y siguiendo el consejo de Descartes, siempre le impidió ver ese algo más, que en las ciencias humanas frecuentemente es mucho más. La orientación positivista ha aceptado sistemáticamente el supuesto (falso) de que la realidad total se captaría desmembrándola (análisis desintegrador) en sus diferentes componentes físicos.

       Como expusimos en el capítulo 3, el ser humano es superior a los animales, no por la riqueza de su información sensorial, ya que la mayoría de los animales poseen una agudeza visual, auditiva, olfativa, etc., muy superior a la del hombre, sino por su capacidad de relacionar, interpretar y teorizar con esa información. La inteligencia humana tiene una propensión natural innata a buscar regularidades y la capacidad básica de ordenar las cosas, según sean semejantes o diferentes, de acuerdo con su naturaleza y características y según la interacción que se dé entre ellas. Esta actividad mental está en acción continuamente y puede sorprendernos con sus hallazgos hasta en el mismo sueño.

       Al reflexionar y tratar de descubrir la dinámica psicológica de nuestra mente en el momento en que conoce algo, comprobaremos la importancia de una determinada condición previa y la naturaleza del proceso en sí mismo.

       La condición previa es una inmersión lo más completa posible en el campo fenoménico que se va a estudiar. Cuanto más completa y duradera sea esta inmersión, cuanto más se estime y aprecie el campo objeto de nuestro conocimiento, cuanto más abierto se esté a los detalles, matices y sutilezas del mismo, más fácil será la captación de un nuevo conocimiento.

       Y en cuanto a la naturaleza del proceso, los psicólogos de la Gestalt han demostrado que cuando la mente humana contempla serena y atentamente un determinado fenómeno, en medio de esa quietud comienza como a “jugar” con sus elementos, y “de golpe” algo llega a la mente: puede ser una relación, un ritmo, una estructura o una configuración. “El organismo humano, cuando obra libre y no defensivamente, es quizá el mejor instrumento científico que existe, y es capaz de sentir esta configuración mucho antes de poderla formular de manera consciente” (Rogers, 1968, pp. 62-63). Kepler, Einstein y muchos otros grandes científicos tenían gran confianza en esa captación intuitiva.

       Por todo ello, al reflexionar y concentrarse en los contenidos de las entrevistas, grabaciones y descripciones de campo, en esa contemplación, irán apareciendo en nuestra mente las categorías o las expresiones que mejor las describen y las propiedades o atributos más adecuados para especificarlos. De esta forma, se logrará llevar a cabo  apropiadamente el proceso de categorización que se inició en el mismo momento de comenzar la recolección de los datos. Será útil recordar que este proceso, eminentemente creador, de categorización-análisis-interpretación, necesita, para su buen funcionamiento, que se tengan presentes algunos consejos que se derivan del estudio de la naturaleza del proceso creativo:

 

1. No precipitarse. El cerebro humano no es una máquina a la que se aprieta un botón y ¡listo!; es algo mucho más valioso que eso, porque puede crear algo nuevo, lo cual jamás hará una máquina; sin embargo, necesita cierto tiempo para relacionar las nuevas ideas con el gigantesco volumen de información de que dispone. Por ello, después de un esfuerzo infructuoso (como sucede siempre en los primeros intentos de esclarecer un problema difícil), las cosas se dejan y se retornan en otra ocasión. La mente seguirá trabajando en los intervalos de tiempo y, la próxima vez, todo será más fácil.

2. No dirigir y presionar el pensamiento en una sola dirección, ya que la solución puede estar en otra parte; debido a ello, conviene permitir una gran fluctuación mental.

3. La imaginación debe estar en libertad de utilizar las analogías, metáforas, comparaciones, símiles y hasta alegorías que crea útiles o convenientes: la moda científica de hoy llama modelos a todo esto.

4. Albergar una gran confianza en uno mismo y en la propia capacidad; esta confianza elimina ciertos constreñimientos mentales que imposibilitan, en el nivel neurofisiológico cerebral, el flujo de ideas y sus relaciones. Toda persona normal puede ser muy creativa, si se dan ciertas condiciones.

5. No asustarse ante algo que se opone a “lo conocido”, a “lo sabido”. Si se investiga, lógicamente se puede muy bien encontrar algo que rompa esquemas.

6. El buen investigador siente oposición a las presiones conformistas y le agrada el riesgo de enfrentarse a lo desconocido; lo ama. Le agrada vivir una cierta osadía intelectual.

 

Categorización, Estructuración, Contrastación y Teorización

 

       De las investigaciones y los estudios sobre los procesos creativos podemos extraer algunas ideas que ayudarán a esclarecer el origen de una estructura o teoría en nuestra mente.

       La mente consciente puede buscar en la memoria y relacionar datos e ideas apropiados para la solución de un problema, pero eso casi siempre lo hace relacionando el planteamiento del problema con nuestra estructura cognoscitiva personal, la cual activa las ideas antecedentes pertinentes y las soluciones dadas a problemas anteriores parecidos que, a su vez, son reorganizadas y transformadas en forma de proposiciones de solución al nuevo problema que se plantea.

       Ahora bien, cuando la solución al nuevo problema exige relaciones o estructuras novedosas u originales, la mente consciente toma con facilidad la dirección errónea, la dirección de lo conocido, de lo viejo, de lo trillado; es decir, nos lleva por un camino estéril. Sin embargo, este esfuerzo no es inútil; por el contrario, resulta muy provechoso, pues selecciona muchas ideas pertinentes y que, de alguna manera, tienen conexión con el problema. Estas ideas, cuando la mente consciente deja de forzarlas en una determinada dirección, se unen entre sí con otras pertinentes y adecuadas que ellas movilizan de acuerdo con su propia naturaleza; no es que se enlacen al azar, pues el azar no es creativo. La unión de estas ideas, por sus características y naturaleza, y a nivel preconsciente o subliminal, da como resultado el hallazgo, la invención o el descubrimiento. No se podría explicar de otra manera que esos resultados aparecen durante momentos de reposo, pero después de un gran esfuerzo mental sobre los mismos.

       Ciertamente, estos hallazgos e invenciones pueden aflorar en la medida en que nosotros estemos abiertos y seamos receptivos para facilitar su emergencia y aparición. Para ello se requiere, como condición indispensable, que se renuncie, por lo menos temporalmente, al “único” orden aparente, a la “única” lógica siempre usada, a la “única” racionalidad siempre aceptada, y que se permita cierta entrada a lo que al principio puede presentarse como un desconcertante “desorden”, “caos” y “sinsentido”, porque muy bien puede haber, en ese campo desconocido que se investiga, otro tipo de orden, otra clase de lógica y otra forma de racionalidad que no pueden entrar completamente en los esquemas anteriores. En última instancia, lo nuevo y original puede serlo en muchos aspectos, en muchas formas y en muchos niveles que desafían nuestra capacidad lógica usual y corriente.

       En este proceso, nos puede ser muy ilustrativa la analogía o metáfora de las constelaciones del Zodíaco. Desde la más remota antigüedad, la mente humana realizó un proceso similar al que estamos describiendo: primero ubicó un grupo de estrellas en el cielo entre miles y miles de ellas, incluso le puso nombres, como Estrella Polar, Aldebarán, etc. (categorización), luego las unió con una línea imaginaria (estructuración) y, finalmente, le asignó un cierto significado teorizando (“es un Oso”, “un León”, “un Toro”, etc.). Véase, en la Figura 9.1, la Osa Mayor, que refleja bien claramente lo que nos ofrece la realidad exterior (las estrellas) y lo que le añade la interpretación de la mente humana.

 

         1.  El mundo exterior nos ofrece:                                             Estrellas

         2.  La mente humana le pone nombres:                  Categorización

         3.  La mente humana las une con líneas:                               Estructuración

         4.  La mente humana le asigna un significado:     Teorización

 

       Otro punto, y consecuencia natural de todo lo anterior, es que no debe preocuparnos mucho la ausencia de condiciones lógicas en los primeros estadios de la construcción teórica. Las consistencias semántica y formal se irán afinando poco a poco, a medida que se trate de presentar las estructuraciones y teorías de una manera más formalizada. La plena formalización (plena coherencia lógica) muy pocas veces se hace y, en las ciencias humanas, se podría decir que nunca, pues sólo se formalizan algunos aspectos de partes de una teoría. De ahí se desprende que la formalización no es algo indispensable para el progreso científico. Por otro lado, debemos recordar que la formalización completa no siempre es posible, ya que la misma realidad se nos presenta, a veces, como contradictoria, según nuestra postura personal hacia ella.

 

 Categorización

 

1. Desarrollo del Proceso.

 

       Si el material primario o protocolar (anotaciones de campo, grabaciones, filmaciones, transcripciones de las entrevistas, etc.) es lo más completo y detallado posible, el paso de la categorización o clasificación exige una condición previa: el esfuerzo de “sumergirse” mentalmente, del modo más intenso posible, en la realidad ahí expresada. En otras palabras, el investigador revisará los relatos escritos y oirá las grabaciones de los protocolos repetidamente, primero, con la actitud de revivir la realidad en su situación concreta y, después, con la actitud de reflexionar acerca de la situación vivida para comprender lo que pasa.

       Cada nueva revisión del material escrito, audición de los diálogos o visión de las escenas filmadas nos permitirá captar aspectos o realidades nuevos, detalles, acentos o matices no vistos con anterioridad o no valorados suficientemente y que, ahora, quizá con otro enfoque o contexto, son determinantes y parecen cambiar o enriquecer el significado. En la práctica, en cada revisión del material disponible es útil ir haciendo anotaciones marginales, subrayando los nombres, verbos, adjetivos, adverbios o expresiones más significativos y que tienen mayor poder descriptivo, poniendo símbolos pictográficos, nemónicos o numéricos, elaborando esquemas de interpretación posible, diseñando y rediseñando los conceptos de manera constante.

       Como señalamos al hablar del método fenomenológico, en este primer momento, es necesaria una gran tolerancia a la ambigüedad y contradicción (que, quizá, sean sólo aparentes), una gran resistencia a la necesidad de dar sentido a todo con rapidez, y una gran oposición a la precipitación por conceptualizar, categorizar o codificar las cosas de acuerdo con los esquemas ya familiares. Hay que “alejar” todo lo que no “emerja” de la descripción protocolar, aunque esto es sólo un ideal; de otra manera, no veremos más de lo que ya sabemos y no haremos más que reafirmarnos en nuestras viejas ideas y aun en nuestros propios prejuicios.

       Esta es una propedéutica fenomenológica indispensable en toda investigación que adopte el paradigma epistemológico que describimos en los primeros capítulos y, esencialmente, consiste en una disciplina mental que nos facilite “ver todo lo que hay y (posiblemente) nada más que eso”.

       El objetivo básico de esta “inmersión” mental en el material primario (protocolar) recogido es realizar una visión de conjunto que asegure un buen proceso de la categorización.

       Como señalamos, desde el comienzo mismo de la recolección de los datos y de toda información, ha comenzado el proceso de la categorización, como también, aunque en menor escala, el del análisis e interpretación teórica; sin embargo, es ahora cuando se focaliza en forma prevalente y central.

       La categorización hecha hasta aquí puede haber consistido en poner marginalmente algunos rótulos de categorías y algunas propiedades o atributos de estas categorías, como también en hacer diferentes tipos de anotaciones o memorandos referidos a algunos aspectos de las grabaciones.

       Ahora se trata de “categorizar” o clasificar las partes en relación con el todo, de describir categorías o clases significativas, de ir constantemente diseñando y rediseñando, integrando y reintegrando el todo y las partes, a medida que se revisa el material y va emergiendo el significado de cada sector, evento, hecho o dato.

       Desde luego, es muy lógico y natural que en las primeras aproximaciones predomine cierta confusión. Es probable que se viva la misma situación que vive un detective cuando, inicialmente, se encuentra solo con un “montón de datos” y un crimen consumado. Nada le parece relacionarse con nada ni tener sentido alguno. Pero poco a poco van apareciendo los nexos y relaciones de los datos (de tiempo, de lugar, etc.) que lo ponen sobre pistas firmes, éstas generan hipótesis explicativas y, finalmente, conducen al esclarecimiento de la trama oculta.

       Siguiendo a Dilthey (véase en Martínez, M., 1996b, pp. 189-193), podríamos establecer tres condiciones para comprender mejor el significado que tienen las expresiones de la vida de otras personas

 

a)       Es necesario familiarizarse con los procesos mentales mediante los cuales se vive y se expresa el significado; esto constituye la vida cotidiana de todo ser humano, pero el investigador debe ser más riguroso, sistemático y crítico en ello.

b)      Se necesita un conocimiento particular del contexto concreto en que tiene lugar una expresión: una palabra se entiende en el contexto de una frase, una acción humana en el contexto de su situación, etcétera.

         c)    Es necesario conocer también los sistemas sociales y culturales que proveen el significado de la mayoría de las expresiones de la vida: para entender una frase hay que conocer la lengua; para comprender el comportamiento de una persona hay que conocer su formación y medio cultural, etcétera.

 

       Al principio, el significado es sentido sólo en forma implícita. Luego se va haciendo explícito con la aparición de símbolos verbales (categorías) en nuestra conciencia. El contenido verbal de la vivencia es el concepto, el cual, sin embargo, no agota los significados potenciales que están presentes en la gran riqueza de la vivencia. Los conceptos verbales, en cierto modo, cristalizan o condensan el contenido de la vivencia; por esto, siempre lo reducen, lo abrevian, lo limitan. “El lenguaje –dice MerleauPonty– siempre media nuestro encuentro con el mundo, aun cuando el texto parezca ser el espejo más transparente de aquello a que se refiere, es más, sobre todo en ese momento” (1975, p. 279). No debemos confundir nunca un mapa con el territorio que representa. Por esto, ese rico contenido siempre podrá ser reconceptualizado y representado con especificaciones nuevas, sin fin, como un mapa siempre podrá ser matizado con nuevos detalles.

       Todo símbolo verbal o categoría aspira a representar a su referente, pero no hay símbolo que sea capaz de describir todos los rasgos del referente; en consecuencia, está obligado a omitir uno o varios de ellos. Por eso, todo símbolo es abstracto en sus representaciones de la naturaleza, pierde algo (o mucho) de ella y no es estrictamente adecuado o representativo. A los griegos, por ejemplo, como ya recordamos, les impresionó la coraza o caparazón que tenían algunos animales, y los llamaron quelonios (acorazados); los mismos animales impresionaron a los romanos por sus patas torcidas y, así, los llamaron tortugas (patituertos).

       El positivismo clásico pasaba por alto este carácter simbólico y limitante del lenguaje científico y suponía que la ciencia proporcionaba una descripción literal o estructural de un mundo objetivo, que sus conceptos eran unas réplicas exactas y completas de la naturaleza, como sostuvo el mismo Wittgenstein en su Tratado Lógico-Filosófico, pero no posteriormente; es más, él se refirió a esta ideología como  “mi viejo modo de pensar” y “la ilusión de que fui víctima” (Ver la Introducción a su obra Investigaciones Filosóficas, 1969, orig. 1953) . Hoy nos referimos a este modo de ver las cosas como a un realismo ingenuo.

 

2. Procedimiento Práctico para la Categorización

 

       Cuando la información fue recabada ya en su totalidad y no se dispone de nuevos contactos con las fuentes, el procedimiento más adecuado de categorización seguiría estos pasos:

       1.   Transcribir la información protocolar (las entrevistas, grabaciones y descripciones), que tienen que haber sido revisados y completados antes de abandonar el campo, en los dos tercios derechos de las páginas, dejando el tercio izquierdo para la categorización, recategorización y anotaciones especiales. Conviene numerar las páginas y las líneas del texto (los procesadores de textos lo hacen automáticamente), para su fácil manejo posterior, y separar o marcar adecuadamente mediante algún símbolo los textos de los diferentes interlocutores.

       2. Dividir los contenidos en porciones o unidades temáticas (párrafos o grupos de párrafos que expresan una idea o un concepto central).

       3. Categorizar, es decir, clasificar, conceptualizar o codificar mediante un término o expresión breve que sean claros e inequívocos (categoría descriptiva), el contenido o idea central de cada unidad temática. Este término o expresión (o un número o código que lo representa) se escribe en el tercio izquierdo de la página.

       Algunos autores aconsejan usar las categorías ya establecidas y usualmente utilizadas en el área en que se está trabajando. Pero esto es muy delicado, ya que le puede impedir al investigador descubrir lo nuevo y diferente que hay en ese campo. Es preferible que el investigador vaya descubriendo sus propias categorías y, si usa algunas ya preestablecidas, que lo haga provisionalmente hasta que no se confirme su existencia y adecuación. Cada investigador tiene que elaborar su propia lista, que contendrá el mayor número posible de categorías descriptivas.

       A título de ejemplo, señalamos que en una investigación sobre la naturaleza de una comunidad religiosa, se generaron las siguientes categorías descriptivas: descripción de la situación, descripción de los individuos, hábitos de alimentación, tratamiento de extraños, conflictos internos, actividades proselitistas, expresiones de valores, consideraciones económicas, conducta en la calle, proceso de conversión y patrones de liderazgo (Williamson y cols., 1981, p. 205). El número de categorías empleadas puede fluctuar desde varias docenas hasta un centenar, dependiendo de la clase de investigación.

       4. Puesto que muchas categorías que tienen el mismo nombre no son idénticas, sino que tienen propiedades o atributos diferentes, se les asignarán subcategorías o propiedades descriptivas para mayor especificación: pueden ser “causas”, condiciones, consecuencias, dimensiones, tipos, procesos, etc. El núcleo central de las propiedades tendrá también por finalidad generar la definición de cada categoría. Un ejemplo de categorías y subcategorías o propiedades lo tenemos en los buenos índices analíticos o de contenidos que se presentan al final de los libros.

       5. Habrá también categorías que se podrán integrar o agrupar en una categoría más amplia y comprehensiva, lo cual se hará en este paso. Strauss y Corbin (1990) llaman a este proceso “codificación axial”, debido al eje de relaciones que se da entre las categorías menores.

       Varias ramas menores de un árbol forman una mayor; varios conceptos pueden integrarse o subsumirse en uno más comprehensivo. Este proceso es análogo al del análisis factorial o del cluster analysis que se usan en estadística. Su fin es reducir grandes cantidades de datos o categorías a un menor número de unidades analíticas o familias más fáciles de manejar, como cuando en biología se integran muchas especies en pocos géneros.

       A modo de ilustración, examinemos el siguiente ejemplo: un investigador puede hallar que los alumnos de una escuela no quieren a los profesores que “son muy engreídos”, “que se las dan”, “que desconocen su nombre”; igualmente, manifiestan que “se oponen a la excesiva rutina, regulación y restricción”, y que, por otra parte, les gustan los profesores que “tienen siempre una sonrisa”, “son amables”, “son razonables”, “son comprensivos”, aun cuando sean exigentes en la enseñanza y en la disciplina. En este caso, podríamos integrar todos estos conceptos y expresarlos con una sola megacategoría (rama mayor del árbol) diciendo que los estudiantes se oponen a lo que perciben como una “actitud deshumanizante”.

       En cierto modo, ésta es una actividad teórica y está anticipando el proceso de estructuración y teorización, que se explicarán más adelante.

       6. A continuación, se agruparán o asociarán las categorías de acuerdo con su naturaleza y contenido. Los procedimientos prácticos que se van a usar, en este punto, dependen mucho de la imaginación y capacidad de cada investigador: pueden ir desde un par de tijeras para recortar las categorías y apilarlas por índices en carpetas individuales (en cuyo caso se utilizará una copia del trabajo ya categorizado y nunca el original), hasta el uso de complejos programas de computación (base de datos, programas ad hoc para manipular, organizar y reducir datos cualitativos, programas para buscar datos cualitativos en videotapes y audiotapes, etc.) que ayudarán a realizar el trabajo mecánico, pero nunca sustituirán la intuición o interpretación del investigador.

       Si la categorización ha sido realizada como se señala arriba, para agrupar cada categoría basta hacer la lista de las páginas y sectores de líneas correspondientes como, por ejemplo, “p. 80, líneas 6-18”. Este método tiene la ventaja de ser simple y rápido, y de no necesitar más de una copia (ni siquiera de los párrafos que caen en dos o más categorías), pero la desventaja de no tener todo el material de una categoría a la vista, obligando a ir de una parte a otra para leerlo. Cada investigador elegirá el que más le agrade.

       Hoy día existen más de 40 programas de computación que manipulan, ordenan, organizan y hasta tratan de interpretar y teorizar con los datos cualitativos. Los más aconsejables son el Atlas.ti, el Nud*ist, el Ethnograph, el QSR Nvivo, el Hyper-Research y el Folio Views. Algunos, incluso, trabajan con grabaciones sonoras y videotapes, como el Atlas.ti, el Hyper-Research y el Nud*ist. Otros ponen el énfasis en la presentación gráfica de los resultados. Véanse las obras de Pfaffenberger (1988), Tesch (1990), Richards (1994) y Weitzman (2000) para mayor información sobre el uso de programas de computación en el análisis de datos cualitativos. Después de haber utilizado varios de estos programas en cursos y talleres, aconsejamos, debido a muchas de sus ventajas, el Atlas.ti, que ilustramos detalladamente en el Anexo de esta obra.

       7. Si los datos y las categorías lo aconsejan, un despliegue de los mismos por medio de una matriz (columnas y líneas) revelará muchas relaciones o nexos. Esto es muy recomendable, por ejemplo, cuando hay procesos en acción o variables temporales, como también para comparar o contraponer dos variables cualesquiera que se consideren importantes o, simplemente, para desplegar la información principal o básica de un grupo de informantes. Las matrices permiten tener muchas cosas a la vista simultáneamente y facilitan el descubrimiento de relaciones.

       Una buena categorización debe ser tal que exprese con diferentes categorías y precise con propiedades adecuadas lo más valioso y rico de los contenidos protocolares, de tal manera que facilite, luego, el proceso de identificar estructuras y determinar su función, como veremos más adelante, todo lo cual nos encamina con paso firme hacia el hallazgo de teorías o interpretaciones teóricas sólidas y bien fundamentadas en la información protocolar.

 

Estructuración

 

 

El significado y valor de una palabra se encuentra en las demás

Ferdinand De Saussure

 

El yo tiene el impulso, la necesidad y la tendencia a unificar

 e integrar las diversas actividades del cerebro.

Karl Popper

 

       La interpretación que realiza nuestra mente de un complejo de estímulos visuales, auditivos, olfativos, etc., puede requerir cierto tiempo, pero normalmente es instantánea e inconsciente, como obra del hemisferio cerebral derecho. Recientes estudios de la neurociencia (Ralph, 1976) hacen ver que la velocidad de procesamiento de información del sistema nervioso no consciente supera toda posible imaginación humana: de uno a diez millones de bits por segundo, y la comunicación entre ambos hemisferios excede los 4000 millones (4000 megahertz) de impulsos por segundo (Eccles, 1985). Esto equivale al doble de las computadoras más veloces hoy día (Julio 2002).

       Por esto es fácil caer en un realismo ingenuo y pensar que nuestra observación es pura, objetiva, no contaminada. Pero toda observación implica ya una interpretación, esto es, una inserción en un esquema o marco referencial que le da sentido, lo cual no supone un obstáculo para el estudio científico, como temía Bacon, sino que es una mediación necesaria.

       Debido a ello, toda observación de “algo” es “de algo” porque preexisten unos factores estructurantes del pensamiento, una realidad mental fundante o constituyente, un trasfondo u horizonte previo en los cuales se inserta y que le dan un sentido. Si ese marco referencial falta, la observación no es tal, el dato no es dato y el hecho no es nada. Son realidades neutras o plenamente ambiguas.

       Gadamer (1984) piensa que nunca podremos tener un conocimiento objetivo del significado de cualquier expresión de la vida humana, ya que siempre estaremos influidos por nuestra condición de seres históricos: con nuestro modo de ver, con nuestras actitudes y conceptos ligados a la lengua, con nuestros valores, normas culturales y estilos de pensamiento y de vida. Por esto, Merleau-Ponty (1975) solía afirmar que “estamos condenados al significado”.

       Todo esto hace que el investigador se aproxime a cualquier expresión de la vida humana, no con la famosa tabula rasa de Locke, sino con expectativas y prejuicios sobre lo que pudiera ser el objeto observado. Debido a ello, la interpretación implica una “fusión de horizontes”, una interacción dialéctica entre las expectativas del intérprete y el significado de un texto o acto humano. En términos de la psicología de la Gestalt, aunque no siempre, diríamos que la realidad exterior tiende a sugerirnos la figura, mientras que nosotros le ponemos el fondo (contexto, horizonte, marco teórico).

       La mente humana trabaja sobre los datos que recibe, como el escultor sobre su bloque de mármol. Diferentes escultores pueden extraer estatuas diferentes del mismo bloque. Diferentes mentes pueden construir también mundos diferentes del mismo caos monótono e inexpresivo. Tal vez en el área de la percepción auditiva sea donde mejor se compruebe esta realidad: cuando a nuestro alrededor se desarrollan varias conversaciones diferentes al mismo tiempo, podemos oír y dar sentido a una que nos interesa, mientras desoímos las demás que no nos llaman la atención y permanecen siendo lo que objetivamente son: simple ruido; pero en cualquier momento podemos cambiar nuestra atención, y lo que era simple ruido se convierte en conversación interesante, y viceversa.

       Heidegger sostiene que “ser humano es ser interpretativo”; es decir, que la interpretación, más que un “instrumento” para adquirir conocimientos, es el modo natural de ser de los seres humanos, y todos los intentos cognoscitivos para desarrollar conocimientos no son sino expresiones de la interpretación sucesiva del mundo. Conviene tener bien claro que es falsa la idea tradicional o “ciencia de viejo estilo”, como la llama el Premio Nobel de Física Henry Margenau (1969), según la cual la teoría científica no es otra cosa que la sistematización de los datos, ya que no hay “reglas de inducción”, generalmente aplicables, por medio de las cuales se puedan derivar o inferir de manera mecánica hipótesis o teorías a partir de los datos empíricos.

       No obstante todo esto, aun dentro de los círculos de la metodología cualitativa, hay autores, como Strauss y Corbin (1990), cuyo concepto de “grounded theory” contiene serios resabios de esta orientación positivista, ya que sostienen que la teoría “se deriva inductivamente de los datos” (p. 23) y “se valida contrastándola con ello