La Psicología Humanista

como Nuevo Paradigma Psicológico

 

 

Miguel Martínez Miguélez [1]

 

 

       Desde hace cinco décadas, la Psicología Humanista ha ido penetrando en forma muy significativa en los medios académicos, tanto de pregrado como de postgrado, a nivel teórico como a nivel práctico. Primero lo hizo más bien como protesta y alternativa de las dos corrientes clásicas en psicología: el psicoanálisis y el conductismo; después, presentando una visión integral, coherente y lógica, de la rica y compleja dotación del ser humano. Esta visión integral se ha ido consolidando con una firme fundamentación epistemológica de su enfoque y con el desarrollo y estructuración de metodologías y técnicas apropiadas y sensibles a lo más específicamente humano, como es la libertad, la conciencia, la creatividad, los valores y los sentimientos.

       Este marcado enfoque epistemológico y metodológico llega hasta el punto de constituir un nuevo paradigma psicológico. Esto es debido a la convicción de que las diferencias entre las diversas orientaciones de la psicología actual arrancan de fuertes divergencias de naturaleza epistemológica y que sólo partiendo de esa base se puede llegar a una mayor unificación de la disciplina psicológica.

 

1.  El Movimiento Humanista

 

El movimiento humanista no es exclusivo de la psicología; se ha manifestado en todos los aspectos del pensamiento humano y en todos los aspectos de la interacción humana: en sociología, en antropología, en ciencia política, en filosofía y hasta en teología. Los más grandes problemas de nuestro tiempo son ahora los problemas humanos.

En la evolución histórica de la psicología como ciencia se ha puesto énfasis en tres enfoques o filosofías de la ciencia psicológica: el empirismo clásico, el empirismo lógico y la metaciencia.

El empirismo clásico concibió la psicología como una ciencia pura­mente descriptiva de las observaciones de los fenómenos psicológicos y de la conciencia y, quizá, como una formulación tímida de "leyes" empíricas sobre las relaciones entre estos fenómenos. Este enfoque pre­valeció hasta la Primera Guerra Mundial y, en amplios sectores del conductismo americano y algunos psicólogos de la Gestalt, también después.

El empirismo lógico predominó entre 1930 y 1960. Con él se da cabida al "pensamiento lógico", en el más amplio sentido de la palabra. El conocimiento científico, según este enfoque, no consistirá sólo en la descripción de los hechos y leyes, sino también en la formulación de hipótesis explicativas, para lo cual hará uso de construcciones lógicas o modelos. Es la "era de las teorías".

A partir de la Segunda Guerra Mundial, fue apareciendo y, especialmente en las tres décadas siguientes, se desarrolló un tercer nivel de "abstracción" que va más allá de los dos anteriores, el descriptivo y el hipotético, es el nivel de la metaciencia. Aunque todavía no tiene un nombre universal­mente aceptado, ésta es una nueva filosofía o teoría de la ciencia. Su tesis básica sostiene que las teorías científicas son parte de todo el contexto cultural, el cual, por consiguiente, las influencia en sus formu­laciones. Por lo tanto, toda teoría científica tiene su parte filosófica o metateoría.

Cae también dentro de un "amplio marco" de referencia, el del enfoque humanista de la psicología, es decir, aquel que considera al ser humano en sí como un ser potencialmente libre y creativo, cuyo compor­tamiento puede depender más de su marco conceptual interno que de la coac­ción de impulsos internos (Psicoanálisis) o de la presión de fuerzas exteriores (Conductismo).

El concepto del ser humano que tiene la Psicología Humanista es suma­mente rico y complejo. Esta orientación no desea excluir de su estudio nada de todo lo que, según su enfoque, identifica y distingue mejor al hombre, como es la libertad, la creatividad, los valores, el amor, actuar con un propósito y dirigirse hacia una meta, la auto-realización, el sentido de la vida, del sufrimiento y de la misma muerte. De aquí que una metodología gene­ral, adecuada y eficaz para su estudio, esté en gran parte por hacerse. Sin embargo, éste es el gran desafío que se presenta a los psicólogos huma­nistas: respetar plenamente ese objeto de estudio tan sutilmente estruc­turado y entretejido, y encontrar, al mismo tiempo, el procedimiento más adecuado para comprenderlo.

Por esto, la epistemología constituirá el marco de referencia crítico en que se ubica la metodología. Ambas partes se dedicarán a estudiar las bases de un posible para­digma para la psicología, que sea a la vez "científico", es decir, fru­to de un estudio rigurosamente crítico y sistemático, y "humanista", o sea, fiel a la naturaleza integral y personal de los seres humanos.

El objetivo fundamental de esta segunda parte, la metodológica, es dar una base firme y sóli­da a las siguientes tesis centrales: el método depende del objeto de la ciencia, y si el objeto de estudio "humano", "animal" e "inorgánico" es irreductible uno a otro, necesita métodos diferentes; la vida humana tiene una riqueza de contenido que no captan las técnicas matemáticas u operacionalistas y necesita métodos más humanos y personalistas; la clave para la comprensión de la persona es el estudio del significado de las acciones y de la intención que las anima, más que el mero es­tudio de la conducta externa; los caminos que parecen más adecuados para una cabal comprensión del hombre son los métodos que se centran en el "diálogo": el hermenéutico-dialéctico, el fenomenológico, el etnográfico, el de investigación-acción, el de historias de vida, etc., y, en general, las metodologías cualitativas, ya que reúnen un conjunto de bondades y cualidades que los hacen flexibles y sensibles a las características propias de cada persona.

Por consiguiente, no nos interesan tanto la naturaleza y validez del conocimiento en sí, en sentido básico y universal, sino la naturaleza y validez de ciertos procedimientos metodológicos para enriquecer una parte del conocimiento, la de la comprensión del hombre como perso­na. Sin embargo, le corresponde a la misma psicología analizar y des­entrañar la naturaleza de los procesos psíquicos en que se fundamenta la metodología de la ciencia.

 

2.  La “Tercera Fuerza” en Psicología

 

Durante la primera mitad del siglo xx, la Psicología caminó en dos direcciones notablemente diferentes e incomunicadas. Por un lado, la orientación conductista, objetivista, mecanicista y positivista. Por el otro, el grupo de psicologías que se originaron con Freud y el Psicoanálisis. Sin embargo, estas dos corrientes tenían como denominador común un principio básico sobre la naturaleza del hombre que influirá el marco de referencia conceptual y los métodos de investigación e interpretación de los hallazgos consiguientes: el determinismo. Si para los unos la conducta era interpretada como un proceso automático y casi-mecánico, estimulado por el medio ambiente exterior (enfoque reactivo), para los otros era un producto desenca­denado por impulsos internos (enfoque reactivo en profundidad).

El modelo metodológico físico fue ya considerado como inadecuado en la década del 50 por insignes físicos como Heisenberg (1974) y Oppenheimer (1956), quienes aconsejaron a los psicólogos no modelar su ciencia sobre una Física ya superada e incapaz de ayudar a entender los fenómenos psíquicos, en los cuales la mente humana entra como objeto y como sujeto del proceso científico, y le señalaron la conveniencia de abogar por un pluralismo en metodología que incluyera métodos naturalistas y descriptivos.

Estimulada e insatisfecha ante esta serie de incongruencias, ha nacido y se ha desarrollado una "Tercera Fuerza" en Psicología, la Psicología Humanista, que presenta diferentes facetas: de protesta, de desafío, de complemento, de extensión o de alternativa de las otras dos corrientes, la Psicología Conductista y el Psicoanálisis. La Psicología Humanista acepta los modelos y analogías de las otras dos corrientes como guías legítimas para ciertas áreas de investigación, pero no los considera como una descripción adecuada de los seres humanos y menos soporta que sean elevados a la categoría de dogmas, como fre­cuentemente lo han sido.

El movimiento humanista, más que una Escuela, es una nueva orienta­ción hacia la Psicología, un modo de pensar sobre el hombre y toda la empresa científica que modifica la imagen que tenemos de los seres humanos y libera a la Psicología de varias restricciones artificiales que le impusieron teorías que ahora aparecen como superadas. No se puede decir que los proponentes principales de esta orientación –Abraham Maslow, Carl Rogers, Gordon Allport, Charlotte Bühler, Rollo May, Viktor Frankl, Wilhelm Dilthey, Edward Spranger, William Stern, Kurt Lewin, Kurt Goldstein, Gardner Murphy, Erich Fromm, Fritz Perls, Eric Berne, al igual que un gran número de otros psicólogos actuales– tengan una ideología básica común, pero tanto ellos como los demás psicólogos humanistas simpatizan o comparten muchas posiciones sostenidas por la Psicología de la Gestalt, la Psi­cología Adleriana, la Junguiana, la Neo-Freudiana, la Psicología del Yo, la Feno­menológica, la Existencial, la "Self-theory", la Transaccional y la Proactiva.

Siguiendo e integrando las ideas de la Asociación de Psicología Huma­nista, podemos señalar cuatro características como las más típicas en los autores más representativos de esta orientación psicológica:

 

1. Una atención centrada en la experiencia humana consciente como fenómeno primario ineludible al estudiar al ser humano. Las explicaciones teóricas y la conducta externa son consideradas como posteriores y secun­darias ante la experiencia misma y ante la significación de ésta para la persona.

2. Un énfasis en cualidades tan profundamente humanas como la elección, la creatividad, la valoración y la auto-realización, en cuanto opuestas a un pensar sobre los seres humanos en términos mecanicistas y reduc­cionistas.

3. Fidelidad al "significado y valor" cuando se eligen los problemas de estudio e investigación, y oposición al énfasis que se pone en la objetividad metodológica a expensas de la significación.

4. Especial aprecio por la dignidad y valor del ser humano e interés en el desarrollo del potencial inherente a cada persona.

 

Charlotte Bühler comparte la prioridad de estas características, pero suele hacer énfasis especial en "el estudio y comprensión de la persona como un todo" –actitud holista– y en la relación que la Psicología Huma­nista tiene con el Existencialismo, como base filosófica subyacente, y particularmente en la experiencia de la intencionalidad como "parte más íntima de la persona y de su motivación". La intencionalidad, que tanta relevancia ha tenido desde Franz Brentano para acá, es efectivamente una nota distintiva de la orientación humanista. Sin el conocimiento de los valores, metas y propósitos que animan la conducta humana, ésta permanecería siendo siempre un misterio. Fre­cuentemente nos revela menos el conocer lo que una persona hace que el porqué  lo hace.

 

3.  Metodología Científico-Humanista

 

En cuanto a la metodología científica, la Psicología Humanista insiste, además, en que el estudio debe estar más centrado en los problemas y menos concentrado en los medios y métodos. Poca utilidad tendría el uso de un método muy "objetivo" si el problema estudiado carece de im­portancia en la vida humana. Los medios no deben prevalecer sobre los fines, sino estar supeditados a éstos.

En segundo lugar, los problemas humanos no pueden ser tratados ade­cuadamente manejando simples abstracciones, palabras y conceptos, como suelen hacer los intelectuales con mucha frecuencia. Es necesario llegar a la experiencia real originaria, que es el proceso humano básico del cual depende toda operación de la ciencia.

En tercer lugar, el ser humano es una unidad irreductible; cada una de sus "partes" está relacionada con todas las demás. La coordinación e interacción mutua de los procesos no permite aislarlos sin que pierdan su naturaleza, su relevancia y su significado. Haciéndolo, tenemos sen­cillamente otra cosa. Por esto, es necesario aprender la gran lección de la Psicología de la Gestalt, la cual nos muestra que "el todo contiene propiedades que no se encuentran en la suma de las partes". De aquí, la necesidad de una metodología holista, que sea a la vez cientí­fica y profundamente respetuosa de la naturaleza humana.

 En esta línea de prioridades, los métodos de investigación deberán ser fieles a la naturaleza del objeto estudiado, por profunda y compleja que sea. La metodología deberá crearse, si es necesario, adaptarse y estar en función de su objeto y jamás podrá sacrificarse la naturaleza del objeto a una metodología prestada y más fácil de aplicar, hecho del cual la Historia de la Psicología nos ofrece abundantes ejemplos.

Finalmente, señalamos que muchos psicólogos humanistas se consideran a sí mismos como opuestos al Conductismo y al Psicoanálisis, conside­rando esta característica casi como una autodefinición. Abraham Maslow, padre de la Psicología Humanista, tiene a este respecto un pensamiento muy diferente. Él consideraba la orientación humanista como "una estructura su­praordenada más amplia" que puede dar cabida al Conductismo, al Psi­coanálisis y a otras posiciones en Psicología. Maslow se oponía a las dicotomías (pro-freudiano o anti-freudiano, pro-conductista o anti-con­ductista, etc.). Él decía de sí mismo: "yo soy freudiano y soy conductista y soy humanista..." Lógicamente, esta posición es un  señalamiento y un programa de acción para las futuras investigaciones psicológicas: su trabajo debe orientarse hacia el estudio de la complementariedad de los diver­sos enfoques. La Psicología Humanista desea abarcarlos e integrarlos todos en una visión del ser humano más amplia, para lo cual adopta un paradigma epistemológico sistémico.

Diferentes representantes de las ciencias que se relacionan con el comportamiento humano (psicología, peda­gogía, antropología, sociología, historia, economía, ciencia política, etc.) claman por una nueva metodología para el estudio de sus fenómenos.

En efecto, el concepto tradicional de ciencia y su método, parece constreñir y aprisionar nuestro pensamiento cuando trata de comprender la conducta humana. Se necesitaría, por lo tanto, un sistema lógico, una metodología ágil y flexible capaz de adaptarse y captar la estructura de las vivencias profundas que se dan en el ser humano y que dan razón de ser de su comportamiento externo.

En muchos aspectos, el elemento diacrítico que se da entre la Psi­cología Humanista y las otras orientaciones psicológicas es de orden me­todológico. La orientación humanista se ubica en el problema que se debe estudiar y en el pleno respeto a su naturaleza (el ser humano como persona); las otras orientaciones han estado más centradas en sus técnicas metodológicas, las cuales han sido consideradas como la única vía para lograr algo confiable.

La idolatría del método proviene de los grandes resultados que su uso ha proporcionado en el campo de las ciencias naturales; pero estos beneficios no se pueden atribuir al método en sí, sino a su alto nivel de adecuación al objeto de estudio de las ciencias naturales, que es, más bien, pasivo y estático.

Por otra parte, la adecuación anterior sería, en cambio, ínfima en relación con el objeto de estudio de la psicología (vida psíquica íntima y su correspondiente manifestación externa) y, en general, con el objet­o que estudian todas las ciencias humanas.

La historia muestra que lo que ayer nos asustaba por considerarlo revolucionario, hoy se considera sólo una buena intuición, mañana llega ser una doctrina anticuada y poco después será juzgada como represi­va y hasta pura superstición. Según la primera edición de la Enciclopedia Británica, el flogisto era "un hecho demostrado", según la última edición, "el flogisto no existe"; al astrónomo Hubble le dieron el Premio Nobel por ciertos hallazgos sobre el comportamiento de las galaxias, pero años después se lo dieron a otro astrónomo por demostrar prácticamente lo contrario. Ésa la vida de nuestra ciencia, y es natural y lógico que así sea.

Por esto, no deja de ser lamentable la conducta de muchos inves­tigadores cuyo ciclo de vida intelectual, tanto en la ciencia como en metaciencia, se asemeja, más bien, –como ironiza Maslow– al comportamiento de los corales marinos: mientras son jóvenes nadan libremente en el océano, pero más adelante se vuelven sedentarios y se calcifican; así viven seguros en su nicho. La tradición científica ofrece también un nicho tranquilo y pacífico a los investigadores que han aceptado sumisamente los cánones me­todológícos consagrados por ella.

 

       4.  Un nuevo paradigma para la comprensión del hombre

 

El progreso de la ciencia, y en gene­ral, del conocimiento, implica bastante más que una gradual acumu­lación de datos, hechos y técnicas científicas. Quizá, la psicología, en su orientación positivista y experimentalista, haya pecado gravemente en este sentido. La riqueza de hechos no es necesariamente una ri­queza de pensamiento. Necesitamos encontrar el método para organizar y estructurar ese material en poderosas síntesis teóricas y no quedarnos perdidos en una inmensa masa de datos inconexos y dispersos. Aunque es cierto –como afirma Kuhn (1978)– que en cada época una comunidad científica adopta un paradigma determinado, es decir, un cuerpo de creencias, presupuestos, reglas y procedimientos que definen cómo hay que practicar la ciencia, no es menos cierto que un paradigma se impo­ne a otro en la medida en que ofrece una respuesta a la crisis reinante y demuestra mayor capacidad de resolver los problemas importantes que vive esa comunidad.

En el caso de la psicología, el paradigma con que ha laborado hasta ahora, ha alcanzado los límites de su utilidad en muchas áreas y se im­pone la necesidad de hallar otro. No obstante, estamos en un período de transición en el que las insuficiencias del paradigma usado son pa­tentes, pero no es clara la articulación del nuevo paradigma que deberá sustituirlo. Sin embargo, por nuestra parte, hemos realizado un gran esfuerzo para colaborar en dicha empresa, por medio de nuestra obra El Paradigma Emergente: hacia una nueva teoría de la racionalidad científica, 1ª edic. Gedisa, Barcelona, 1993; 2ª edic. Trillas, México, 1997.

La lucha entre paradigmas es siempre muy aguerrida. En general, siempre se acusa al nuevo paradigma, que busca estatus y aceptación, de no ser "científico", lo cual equivale a acusarlo simple­mente de no aceptar los criterios y reglas de "cientificidad" establecidos, es decir, de no ser como el anterior. Es lógico que si es otro paradigma, tiene que ser y presentarse en forma diferente. Por otro lado, ningún paradigma puede defenderse a sí mismo con base en los criterios sobre los que se funda, ya que se apoyaría en una argumentación circular. Por ello, el debate debe centrarse en la ponderación de los criterios.

Con la aparición del psicoanálisis surgieron ejemplos muy claros de esto; se le acusaba de no ser "científico", a lo cual respondían al­gunos psicoanalistas diciendo que "la ciencia no era psicodinámica". Se dieron con igual frecuencia muchos casos en el campo de las ciencias socioeconómicas en los países socialistas, donde se acusaba a los teóricos disidentes de ser "anticientíficos" en esa área, porque iban contra la visión social y económica aceptada y sostenida por los líderes de la comunidad.

Ante todo, hay una realidad que consideramos concreta y evidente: que todo ser humano está ubicado en un tiempo y un espacio determinados y que es el resultado de una historia personal, familiar, social y cultural única e irrepetible. Este hecho hace que el individuo vea las cosas desde un punto de vista que no coincide totalmente con el de nin­gún otro ser humano.

En la conciencia de esta realidad está claramente implícito cierto perspectivismo, es decir, que cada uno de nosotros tiene un punto de vista del universo, que la realidad se compone de innumerables puntos le vista, y cada individuo y cada época escoge solamente aquel o aque­llos que se acomodan más a su capacidad receptiva, y que es absurdo pretender la posesión gnoseológica absoluta de la realidad: nadie posee un "ojo de Minerva" o está dotado del "ojo de Dios".

Así pues, es fácil detectar que hay cierto intento de obligar a la naturaleza a que encaje dentro de unos límites preestablecidos y relati­vamente inflexibles, y a los fenómenos que no encajan en ellos frecuente­mente ni siquiera se les considera.

Mario Bunge, en su obra La investigación científica (1975), dice que la psicología y la sociología, a pesar de su enorme acervo de datos empíricos y generalizaciones de bajo nivel, siguen considerándose aún en un estadio subdesarrollado porque no abundan en teorías lo sufi­cientemente amplias y profundas como para dar razón del material empírico disponible. Pero en ése como en otros departamentos de la investigación, la teorización se considera frecuentemente como un lujo, y no se admite como ocupación decente más que la recolección de datos, o sea, la descripción. Y esto hasta el punto de que está de moda en esas ciencias oponer la teoría (como especulación) a la investigación (entendida como acarreo de datos). Esta actitud paleocientífica, sos­tenida por un tipo primitivo de filosofía empirista, es en gran parte la causa del atraso de las ciencias humanas. En realidad, ese punto de vista ignora que los datos no tienen sentido ni pueden ser relevantes más que en un contexto teorético, y que la acumulación al azar de datos, e incluso las generalizaciones que no son más que condensaciones de datos, son en gran parte pura pérdida de tiempo si no van acompa­ñadas por una elaboración teorética capaz de manipular esos resultados brutos y de orientar la investigación (pp. 413–416; cursivas nuestras).

Examinando diferentes tipos de investigaciones se puede constatar, lamentablemente con cierta frecuencia, que medir y contar son, algunas veces, sustitutos del pensamiento, y que quien se centra precipitadamen­te en la acumulación de datos no tiene tiempo o preparación para ser crítico. Por esta razón, solía decir Einstein que la ciencia consistía en crear teorías: "Ideamos una teoría tras otra –decía–, y lo hacemos porque gozamos comprendiendo..., reduciendo los fenómenos, por un proceso lógico, a algo ya conocido o (en apariencia) evidente" (1950). Es natural que cuanto más alto queramos que suba el edificio de la ciencia, más profundos y sólidos deberán ser los cimien­tos en que se apoya.

 

       5.  Características del paradigma científico-­humanista

 

Los principales representantes de la Psicolo­gía Humanista están de acuerdo en que los pun­tos más significativos que debieran distinguir o sobre los cuales se debiera construir un paradig­ma científico y humanista para la Psicología pudieran ser los siguientes:

 

1. Reconocer, ante todo, la prioridad de la experiencia inmediata. Esta experiencia tiene prio­ridad por su original inmediatez, porque la vi­vimos y experimentamos antes de cualquier con­ceptualización y aparición de significados, por­que es el modo fundamental en que se nos ofre­ce el mundo y porque es el fenómeno básico pa­ra toda clase de actividades, incluyendo la misma ciencia.

2. Comprensión de la naturaleza de la con­ciencia y de la conducta. El considerar la con­ciencia y experiencia interna como fenómenos irre­levantes o secundarios más que soluciones son evasiones. Husserl enfatiza la importancia de la conciencia por su principal característica: la in­tencionalidad; es decir, "toda conciencia es con­ciencia de algo", está dirigida hacia algo, hacia un objeto, el objeto intencional, que es el que le da su sentido, su significado.

3. Adopción de un enfoque inicialmente des­criptivo. De esta forma, permitiremos al fenó­meno que hable por sí mismo y en su aparien­cia podrá revelar algo que no está plenamente patente o incluso algo que se mantiene escondi­do a la observación normal. En este sentido se dice que los fenómenos tienen "significado", "sen­tido" o "dirección", porque provienen de algo y se refieren a algo que está más allá de lo que "es dado". Este enfoque es también la mejor vía para distinguir y diferenciar lo que ofrece el fenómeno de por sí y lo que le añade el ser hu­mano, pues toda persona es a la vez un "receptor" y un "dador" de significados. El signi­ficado del fenómeno es el resultado de un proceso, la resultante de una interacción, un diálogo o una dialéctica entre el sujeto y el mundo.

4. Máxima relevancia a los presupuestos. La razón principal de poner gran atención en los presupuestos es el hecho de que la Psicología no se apoya en sí misma. La Filosofía fenomenológi­ca se preocupa mucho de describir lo que "aparece" precisa y exactamente como aparece. Para esto utiliza la técnica de la reducción –epoché– y trata de poner entre paréntesis todo conocimien­to previo relacionado con el objeto y, sobre todo, los presupuestos y los prejuicios. Pero éste es un ideal imposible de alcanzar en forma completa. Por esto, si no se puede trabajar sin presupuestos, lo mejor será clarificar bien los que se tienen; es decir, ser plenamente cons­cientes de la perspectiva u óptica con que se mira, del enfoque que se adopta y de la intención con que se trabaja.

5. El objeto de estudio necesita también una clarificación de acuerdo a las siguientes puntua­lizaciones: es necesario entender lo presente para descubrir el contexto. Se pone el énfasis en el descubrimiento y comprensión de lo que está presente, de lo que es actual y real en el mo­mento, para que después, por medio de la des­cripción, se llegue a descubrir la estructura de la situación como un todo, en sus relaciones, con­texto y significado.

6. La inevitable presencia del científico en la ciencia. Esta presencia ha sido tenida en cuenta muy poco. Se ha creído que puede haber una pre­sencia "neutra". Esto no es siquiera cierto en la Física (Oppenheimer, 1956). Los métodos "ob­jetivos" no eliminan la presencia del investigador, sino que simplemente lo hacen presente de otra forma. Se parte del presupuesto que el enfoque objetivo es mejor que cualquier otro; pero, podemos preguntarnos: ¿para qué fin o con qué intención?

         La situación del laboratorio es una situación artificial. Efectivamente, el in­vestigador es el que la crea: selecciona el equipo, define las variables, elige los estímulos, determi­na el número de sujetos y los procesos para ana­lizar los datos, etc. De esta forma, la situación de laboratorio es un artefacto humano.

         Si los pre-juicios y la influencia del investigador sobre las co­sas no se pueden eliminar del conjunto de variables, lo más lógico será que, como en el caso de los presupuestos, sean incluidos y tenidos en cuenta, como hace el físico que tiene en cuenta la temperatura previa del termómetro que usa y su influencia en la temperatura del líquido que mide. Y la razón es simplemente el hecho de que son parte de los datos que forman la situa­ción.

 

6.  Conclusiones

 

El enfoque científico-humanista se puede carac­terizar como: centrado en el significado, la des­cripción, las diferencias cualitativas, el proceso de clarificación y diferenciación progresiva, la in­vestigación de las relaciones intencionales, el tra­to de los fenómenos humanos con un sentido hu­mano y con un estilo humano, la articulación de los fenómenos de la experiencia y la conducta en el contexto de una concepción más amplia de la naturaleza, dando prioridad a la vida real y a la relación hombre-mundo y teniendo en cuenta la presencia e implicación del científico.

Considerando las últimas características de es­te paradigma, es lógico concluir que la determi­nación de las variables que entran en juego en una situación concreta no podrá ser realizada completamente antes, sino, más bien, durante o después de la investigación. Esto señala, igualmente, que aunque la Psicología científico-humanista no es empiricista o positivista, sí es empírica (basada en la experiencia) y positiva (afirma la realidad).

Si tuviéramos que sintetizar en breves expresiones las contribuciones que la Psicología Humanista ha dado al pensamiento psicológico actual, podríamos señalar, entre otras, algunas de las principales que Wertz (1998, pp. 46-47) enfatiza: la introducción de una tradición histórica relevante, como la griega y la renacentista, en la psicología moderna, y un fructífero diálogo con las humanidades; una sólida y bien fundamentada crítica de las corrientes imperantes en psicología (conductismo y psicoanálisis) que, debido a ello, han ido atemperando sus viejas posiciones radicales; la inclusión de los aportes del existencialismo y la fenomenología; nuevas orientaciones y procedimientos psicoterapéuticos; nuevos tópicos de investigación: como el cambio, el crecimiento, la salud, la auto-percepción, los valores, la creatividad, el amor, el sentido de la vida y de la misma muerte; principios teóricos, como el significado, la libertad, la intencionalidad, la auto-realización y otros; y todo ello dentro de una marco teórico y epistémico más comprehensivo y enraizado en una nueva y sofisticada filosofía y teoría de la ciencia (paradigma sistémico), y respaldado por una rigurosa y original metodología de la investigación (métodos cualitativos) más fiel y sensible a las características peculiares que mejor distinguen a los seres humanos.

Y, en una visión más amplia y comprehensiva, pudiéramos decir que el movimiento humanista ha ido logrando a nivel mundial una serie de "frutos" de amplísima repercusión, tanto a nivel de derechos humanos, del niño, de la mujer, como a nivel de acuerdos políticos, de desarme, de comercio y reducción del colonialismo, entre otros.


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[1] El Dr. Miguel Martínez M. es Profesor Titular (Jubilado) de la Universidad Simón Bolívar de Caracas (Venezuela) y responsable de la Línea de Investigación “Epistemología y Metodología Cualitativa”. E-mail: miguelm@usb.ve; Páginas de Internet: http://prof.usb.ve/miguelm; http://miguelmartinezm.atspace.com.