La pieza está hecha
musicalmente como un cuento sencillo que evoluciona y se enreda en
diferentes cosas y se convierte en algo muy diferente al final. Expresa
el movimiento que inicia el desarrollo del ser humano, la actividad y
su ramificación en la construcción de la sociedad, la
vida en conjunto, la civilización, como trazos de caminos que
llevan a diferentes destinos que se dividen y se subdividen. Representa
el movimiento, el avance y empuje por la supervivencia, la juventud, el
progreso y entretejido de red social y su crecimiento múltiple,
su evolución.
Esta pieza se
realizó con la
interacción de Ulises Farías en la tablã
hindú, trabajando la composición de la guitarra dentro
del esquema rítmico hindú Teen Tal de 16 pulsos. En la
introducción, la tablã empieza sola en el primer estado
rítmico (Lay) llamado Vilambit. Después de 16
pulsos continua con Madhya en
la mano izquierda en el tambor de metal Bayan, siendo el doble del Vilambit, que continua en la mano
derecha con el tambor de madera Dayan,
y
finalmente
pasa
a Drut,
doble de Madhya, para todo el
desarrollo de la pieza. Al final la tablã vuelve a los Lay iniciales de manera
retrógada, Madhya y Vilambit. Como se explicó
anteriormente, se trazó el reto de componer dentro de los
esquemas rítmicos de la música clásica de la
India, pero sin sonar a música hindú. Se creó una
serie de módulos temáticos que en la
ejecución se entrelazan en una suerte de improvisación
formal, donde la guitarra escoge la dirección del discurso y la
inserción de los módulos en el propio acto de la
ejecución, para rendir un resultado como composición
formal muy diferente en cada ejecución.
La pieza ofrece más bien un aire caribeño en su contenido
temático, entre Son cubano y un parafraseo de “La Bamba”, pero
en un tempo más alto
para caracterizarse con estos estilos (92 ppm). Junto al timbre y
presencia visual del tablã, que desmiente el esperado
bongó, se hace referencia al hecho de que un país cercano
a Venezuela, Trinidad y Tobago, tiene una presencia hindú muy
fuerte en su cultura. Similarmente, ciertos rasgos de la cultura
venezolana tienen una influencia indirecta de la India como el consumo
del mango en variedades de dulces típicos y conservas, su
abrumadora presencia en la temporada del fruto y el consumo del
delicioso jugo, así como el traje nacional masculino, el liqui-liqui, muy
característico en la India.