Nuestros instrumentos redescubiertos

 Anselmo López:  Un Bandolero Recio
El Diario de Caracas 8-10-1999

Emilio Mendoza
emiliomendoza@cantv.net
Web:  http://prof.usb.ve/emendoza


 Que por mayo, por mayo era. En el mes de la Cruz, hace casi veinte años, Anselmo organizó en la ciudad de Barinas un Velorio de Cruz en el cual tradicionalmente se acompaña con bandola llanera al único y bello canto de polifonía vocal de nuestro foklore. Por la creciente pérdida de religiosidad en la moral venezolana, las costumbres cristianas como es el caso del Velorio, han comenzado su extinción. Sin creencia no hay razón para celebrar la espiritualidad y eventualmente el Velorio de Cruz de Mayo desaparecerá.

El virtuoso de la bandola llanera y ejecutante principal de este instrumento en nuestro país, Anselmo López, intentó reactivar esta costumbre ofreciendo la infraestructura de un club-cervecería al aire libre en la capital del estado para instalar un Velorio público.

Viajé a Barinas con una amiga, después de comprarme todos los acetatos de Anselmo disponibles en el sello Discomoda. Se despertó en ese entonces una fiebre de aprender a tocar la bandola llanera en un grupo de amigos a través de las clases del joven Saul Vera junto a Cristobal Soto en la Escuela "La Clavija" cerca de la Avenida Casanova en Caracas.  Era un instrumento desconocido por la generalidad de los músicos, cayendo en desuso, ya que su repertorio y función como instrumento del joropo llanero habían sido casi sustituídos por el arpa. ¿Cómo es posible que un instrumento de cuatro cuerdas como la bandola llanera haga  sonar la misma música que toca el arpa con sus treinta y dos cuerdas? Oir a Anselmo López confirma esta paradoja: con una púa o plectro su mano salta de cuerda en cuerda con golpes de brazo entero, con su técnica del "jalao" y suena la melodía, el acompañamiento arpegiado y los bajos saliendo de un solo ejecutante y con sólo cuatro cuerdas de nylon. Al contrario de la mandolina, un familiar cercano y más pequeño de cuerdas de metal dobles, en la bandola llanera no se hacen trémolos o notas repetidas rápidamente en las cuerdas. Se toca golpeado, casi como un charrasqueo de cuatro, resultando así un sonido fuerte, pulsante y templado, mucho más recio que el sonido del arpa que más bien trata de imitar en algunos solos esta característica de la bandola.

Al llegar al club de Barinas a la hora programada para asistir al Velorio, no había nadie, ni tampoco la Cruz estaba armada, solo los camiones inmensos de cerveza descargando sus municiones. Gradualmente fueron llegando músicos con sus instrumentos, bien vestidos, peinados y serenos. Por mucho tiempo no hubo señal de los organizadores y eventualmente las señoras fueron adornando la Cruz y se fue llenando el lugar de músicos, público, niñitos correteando y perros echados. Sentados con el grupo de músicos, tomando y recibiendo el fresco de la tardecita entrante, mi amiga y yo disfrutamos de la improvización de coplas, solos y descargas conjuntas de artistas que provenían de diferentes partes de los llanos, de pie de monte y se estaban conociendo. En la espera por el Velorio, se había formado espontáneamente una sesión musical extraordinaria, donde los ojos brillantes de mi amiga era el centro de inspiración del verbo de todo maraquero.

El evento se inició con las palabras amplificadas de Anselmo quien nos brindó un Gabán singular a manera de homenaje. El Velorio se había transformado de un culto religioso a un concurso entre los músicos de la región, con premios en metálico. Esto justificaba la gran cantidad de músicos presentes y la alta calidad musical que se evidenciaba en el preámbulo improvizado. Los candidatos fueron ejecutando uno a uno, luchando contra un equipo de sonido destartalado a cargo de un muchacho que resolvió arreglarlo y ponerlo en funcionamiento justo durante los toques de los diferentes concursantes. Un solo micrófono abrazado en teipe aturdía al resto de los instrumentistas con un "bum" sostenido de tierra. Como no había jurado para seleccionar y otorgar los premios, me pusieron a mi por andar con mi cara de caraqueño, al enterarse Anselmo que yo era músico "de verdad-verdad", de esos que conocen las notas y la historia de la música.  Los dos grupos finalistas ejecutaron diferentes géneros, uno llanero y el otro de pie de monte. Por lo tanto no podía haber un solo ganador y se tuvo que picar la cochina. Esto causó un pelea incitada por la borrachera generalizada de la fiesta y como jurado tuve que escapar corriendo con mi amiga para evitar que me lincharan.

Si desaparece la espiritualidad y con ésto el culto y las manifestaciones religiosas de nuestro folklore, es el camino de la realidad. La dinámica social es indetenible, para bien o para mal: el Velorio de Cruz de Mayo quizás todavía exista en su esencia como culto religioso cristiano en algunos contados sitios, pero su decaimiento está trazado. No obstante, la cultura musical de la bandola llanera y su práctica como instrumento ha ganado fuerte interés recientemente por la constante labor acumulada de Anselmo López, por los experimentos de su alumno Saul Vera y por los talleres de la Fundación Bigott en Caracas en donde se enseña este arte instrumental. En cualquier tienda de música se puede ahora comprar una bandola, cuando antes había que visitar a Misael Montoya en Barinas para conseguir un ejemplar bien afinado.

Le debemos a Anselmo López las gracias como nación cultural, por haber salvado del olvido inerte esta maravilla venezolana. Con el mismo sentimiento, los maestros Fredy Reyna en el cuatro, Alirio Díaz en la guitarra, Fulgencio Aquino en el arpa central , el Indio Figueredo en el arpa llanera y Cruz Quinal en el bandolín oriental, éstos son nuestros hombres grandes que jamás olvidaremos. El esfuerzo de vida de este artista de la bandola llanera ha logrado resucitar una cultura musical que se extinguía. Entre culto y diversión, la religiosidad de las manifestaciones se borra aunque la música persiste en sobrevivir como reliquia de ese saber.