Carlos Leáñez Aristimuño

cleanez@usb.ve



Profesor del Departamento de Idiomas de la Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela.

Línea de investigación: el devenir de las lenguas, en especial la española y las neolatinas en general, en el contexto de la globalización.

 



 

minicurriculum

la lengua: clave de inclusión y soberanía

¿competir con el inglés o emigrar  a él?

curso "La Guerra de los Idiomas"

español  francés,  portugués:  ¿equipamiento  o  merma?

La lengua es el oxígeno de lo humano: por ella entramos en la sociedad, por ella la sociedad entra en nosotros. Ella es la red que lanzamos sobre la realidad para pescar significación. No es otro conocimiento más: es la base del conocimiento. No es otro factor de la cultura: es su mapa más cabal. Mientras más rudimentario es su uso, más riesgo corremos de encontrarnos con las manos vacías: habitantes que bordean la indigencia, republiquillas al garete. Mientras más pleno, más posibilidades hay de rica pesca: ciudadanos que forjan sentido, una nación erguida a los cuatro vientos.

La lengua es la fuente de la ciudadanía. Abrirla a todos es una labor de largo plazo. Imposible sin el maestro amante y conocedor, capaz de transmitir a los aprendices la fuerza y el placer que ella procura. Maestro que habrá de ser admirado por todos. Maestro que habrá de ser respetado por todos. Abrir el espacio para su pleno advenimiento es el reto ineludible.

La lengua es el lápiz que dibuja desde ya la nación hispanohablante. Con nuestro idioma podemos juntar los pedazos de un conjunto que es nuestra casa grande, nuestra casa fuerte. Desde ella podremos recibir y dar sin temor a la intemperie o a la insignificancia: perpetuaremos nuestros gestos irrenunciables, no nos perderemos nada que valga la pena, aportaremos significativo valor.

Nuestra lengua está lista para la más prodigiosa pesca. Lancémosla: nadie lo hará por nosotros.